De Franz Josef a Makarora y Milford Sound (Días 15 y 16) – #StrayBus

En la isla sur, las distancias a recorrer suelen ser grandes y lentas, así que también tocó levantarse pronto en Franz Josef para ir a Makarora

Eos sí, antes de alejarnos de Franz Josef, fuimos a contemplar el otro glaciar cercano, el Fox Glacier, que aún visto desde una buena distancia, no pierde ni una pizca de majestuosidad.

Un poco más adelante hicimos una parada como de “post-desayuno”, para que los amantes del pescado pudieran degustar una de las delicias locales, el whitebait, que es un pescadito muy peque, algo similar a las gulas.  Aquí te lo hacen en forma de hamburguesa. Según me comentaron los compañeros, el sabor era exquisito. Yo como no soy nada de comer pescado, levanté una ceja a modo de “recibido”

Otra de las paradas del camino fue en las Blue Pools, un río que forma alguna pequeña playa de un espectacular color azul.

Para los más valientes, hay un puente desde el que te puedes tirar. En verano tiene que ser una gozada, pero en estas fechas, brrrr!

Llegamos a Makarora, que viene a ser un pequeño núcleo de población con una gasolinera y nuestros chalets alpinos

Estamos en el Aspire National Park, y nos espera una divertida actividad por el río: jetboat.

Vamos, que te suben a una lancha y te llevan a toda velocidad por el río, incluso haciendo algún trompo. Además de vez en cuando paran y te explican cosas del entorno.

Dejando aparte la vertiente más divertida, es una excelente forma de disfrutar del entorno desde un punto de vista privilegiado.

Dejamos atrás Makarora tras pasar la noche y nos preparamos para un largo trayecto de varias horas hasta el fiordo más famoso del país, el Milford Sound.

El tiempo no acompaña nada, lluvia y cielo tapado, lo que oculta parte de las montañas de la espectacular carretera que llegan hasta el puerto de embarque.

Porqué sí, esta noche toca dormir a bordo de un barco.

Una vez presentados y asignados los camarotes, salimos a navegar contemplando las enormes montañas que se levantan a nuestro alrededor junto con infinidad de cascadas alimentadas por la incesante lluvia.

Ofrecen la posibilidad de hacer kayak o desembarcar en un bote, pero como está lloviendo, prefiero seguir en el barco, aunque bastante gente se anima a la actividad propuesta.

El momento más divertido aparece cuando los kayaks regresan al barco y un par de focas muy juguetonas se acerca a visitarnos. La zona está repleta de focas, con lo que no dejaremos de tener su compañía durante el trayecto

Disfrutamos de una magnífica cena y mejores postres con unas vistas impagables. Y a dormir pronto, que el día comienza a hora temprana. Dormimos en un pequeño enclave muy tranquilo, así que sólo nos acompaña el silencio.

El día siguiente comienza con una buena ducha antes de subir a cubierta a ver las primeras horas de luz… nublada.

Llega el momento de un contundente desayuno mientras nos dirigimos hacia el extremo de mar abierto del fiordo a ver si vemos alguna ballena. No hay suerte con las ballenas pero sí con unos pingüinos.

Damos media vuelta, que el mar de Tasmania está embravecido y navegamos tranquilamente hasta puerto.

Haciendo memoria de los fiordos noruegos, el Milford me ha parecido más espectacular por las montañas que lo rodea, pero en cambio el trayecto es más corto, con lo que tienes la sensación de que se acaba rápido.

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