De Tongariro a Wellington y a Abel Tasman (Días 8-9 y 10) – #StrayBus

¡Tanta actividad que se me acumula el trabajo!

Después de la matada del cruce del Tongariro era hora de poner rumbo a la capital de Nueva Zelanda, Wellington. La ruta en el bus es larga y con tanto cansancio acumulado, las ganas de llegar a destino se intensifican.

Entre medio hacemos un par de paradas para estirar las piernas, una de ellas en Taihape, donde nos acercamos a una cancha dedicada al sorprendente juego de lanzamiento de botas de lluvia para anotar unos tantos.

La siguiente parada la hicimos en el pueblo de Bulls, donde todo, pero realmente todo, gira en torno al toro, incluso la decoración de la comisaría y las tiendas.

Llegamos a Auckland con lluvia con casi el tiempo justo de ir al Weta Workshop. ¿Qué es eso del Weta ? Hay que comenzar por explicar que Nueva Zelanda tiene una pequeña pero potente industria audiovisual de estudios, post producción y efectos especiales. Weta es una compañía dedicada básicamente a esto último: efectos especiales, vestimenta, armas, etc. Hemos podido ver sus trabajos en películas como Contact, Crónicas de Narnia, Avatar o la trilogía del señor de los anillos.

Para ser honesto, la visita está bien dependiendo del interés que tenga cada uno por el tema, aunque yo personalmente hubiera preferido quedarme en Wellington y visitar un poco la ciudad, pero como está en la lista volver ella, tampoco ha sido un drama.

Madrugón de los grandes para coger el ferry hacia la isla sur. Son tres horas y media de trayecto de los cuales una hora y media es en mar abierto y el resto saliendo de la bahía de Wellington o navegando por el fiordo que nos lleva a Picton, el puerto de llegada.

La verdad es que el trayecto, si hay buena mar, es realmente impresionante, toda una experiencia que invita a pasearse por cubierta.

Llegados a Picton nos espera el nuevo conductor, Maka Nui (o algo así), y a nosotros tres se nos añaden dos señoras de cerca de Girona, toda una sorpresa para mi pero que al final cumple aquello que siempre encuentras catalanes por todo el mundo.

Al primer lugar donde nos dirigimos tras nuestra llegada es a unas bodegas a hacer una cata de vinos…con el cansancio del madrugón y el viaje, unas copas de vino ya fueron el remate.
Sorprenden los viñedos con montañas nevadas al fondo, pero la isla sur, con sólo un millón de habitantes, es además notablemente mucho más agreste que la isla norte.

Un buen trozo más de carretera para llegar al fin a nuestro campamento en el Parque Nacional Abel Tasman.

De cena una súper burguer en un cercano food truck que a juzgar por la cantidad de gente que va, debe tener su fama.

En Abel Tasman estamos dos días, lo que al fin nos ha permitido esquivar un madrugón, que ya era hora.

Hemos dedicado el día a coger el Aqua Taxi, con el que primero hemos podido ver leones marinos tomando el sol y nadando, y luego nos han llevado al inicio de la ruta costera de 12km hasta el campamento, algo así como nuestros caminos de Ronda.

La ruta vale mucho la pena, es una preciosa mezcla de selva, con riachuelos y las vistas de maravillosas playas en las que si queremos podremos bañarnos.

Y para celebrar el último día en Abel Tasman, una barbacoa gigante uniendo nuestro grupo con los que van en el bus hop on – hop off a una fiesta de disfraces para celebrar Halloween.

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