De Queenstown a Central Otago (Día 20) – #StrayBus

Nos despedimos de Queenstown tras tres maravillosos días y nos dirigimos a lo que yo he llamado el Far West de Nueva Zelanda pero totalmente verde.

La carretera después de Queenstown nos adentra por una zona de cañones y viñedos bastante impresionante.

Hacemos una pequeña parada en Arrowtown para visitar un antiguo enclave chino, en el que ya se dedicaban a importar productos y buscar oro.

Más allá del poblado, la calle principal del pueblo bien merece un paseo por sus construcciones.

El terreno, propicio para la energía hidroeléctrica, nos destapa la presa Clyde, la tercera mayor de NZ com una central de 400MW.

Alexandra,la población donde está ubicada la central, tiene el honor de tener el mayor diferencial de temperatura del país. Ahí es donde desembocan, ya tranquilas, las aguas de la central.

Después de esta parte nos adentramos en una zona mucho más tranquila, de suaves montañas e infinitos prados donde a lo largo de miles de kilómetros cuadrados, los únicos habitantes son las ovejas.

La verdad es que es difícil hacerse una idea de más dimensiones de la zona y la cantidad de ovejas. Es simplemente enorme.

La actividad que teníamos programada para ese día era una ruta en bici por el antiguo trazado de una línea de tren. Nosotros sólo haríamos unos 25 km pero se pueden hacer más de 200 divididos en diversas etapas y en los que se puede parar en diferentes y encantadores hoteles y cafés.

El trazado de prolonga a lo largo de prados, puentes y túneles haciendo que sea una experiencia muy agradable y una excelente forma de disfrutar del entorno y conocer la zona

Al final de nuestro viaje nos esperaba un encantador café donde pudimos comer unos sándwiches preparados al momento con mucho amor.

Una vez bien alimentados nos dirigimos a pasar la tarde (y la noche) a Naseby, un pueblo de escasos 200  habitantes cuidado hasta un nivel excepcional.

Naseby tiene la particularidad de disponen de una pista de curling cubierta y en funcionamiento todo el año. La afición viene de lejos, y en invierno hace suficiente frío como para poder jugar a la intemperie.

Pasamos la noche en un antiguo hotel restaurado, coincidiendo con la noche de fiesta” en el pueblo, así que compartimos el cálido bar con los hombres de pueblo reunidos en busca de pareja. Las mujeres también se acercaron, pero sin entrar. Al final, parece que a nadie le pareció interesante el mercadillo…

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