De Central Otago a Christchurch, Wellington y Auckland (Días 21, 22 y 23) – #StrayBus

Los tres últimos días del tour han sido de intensa carretera. Muchos kilómetros para hacer el camino de vuelta visitando sólo algunas cosas nuevas pero aprovechando para hacer memoria de muchas otras que ya quedan muy lejos en el recuerdo sin realmente serlo en el tiempo.

El camino de Central Otago a Christchurch es volver a la “civilización”, es volver a ver algunos núcleos de población y algo de tráfico.

En NZ el carácter de los pueblos es algo bastante aleatorio. La mayoría nos parecerán poco interesantes, mientras que otros tienen su punto de peculiaridad

Llegamos de nuevo a Christchurch a media tarde, está vez con algo más de tiempo que la anterior ocasión.

Hoy me he levantado con la noticia del terrede Christchurch, así que las fotos tienen escasas 48 horas. Christchurch es una ciudad apuntalada, parcialmente derruida y abandonada y también floreciente.

Es una ciudad que ha apostado por dar vía libre a la creatividad y se ha ido llenando de arte urbano, ya sea con graffitis o con esculturas, ofreciendo una curiosa imagen que vale la pena visitar…al.menos hasta hace dos días.

La jornada posterior a Christchurch vuelve a ser un no parar de kilómetros para llegar a Picton, donde tenemos que coger un pequeño avión, una Cessna Caravan, para volar a Wellington en un vuelo escénico a 4000 pies (unos 1200 metros), por los fiordos que unen ambos puntos.

Paramos a comer en Kaikoura y visitamos unas curiosas formaciones rocosas en la playa.


Más de 400 kilómetros de lluvia sin parar entre Christchurch y Wellington. Incluso el vuelo escénico es un vuelo de nubes, pero al menos es menos movido de lo previsto.

Llegamos a Wellington con ganas de cenar y dormir. Ni si quiera la oferta de ocio de la famosa Cuba Street nos atrae, contando que hay que levantarse a las 6 de la mañana.

Seguramente Wellington sea la ciudad menos interesante de NZ. A primera vista, nada destacable ni para fotografiar.

Suena el despertador a las 6… ducha, cerrar la maleta y directo al bus.
Hoy nos toca la última etapa. Son casi 11 horas de bus con las mínimas paradas para comer, ir al baño y repostar combustible. Vemos el Tongariro de lejos, volvemos a pasar por Taupo y la península de Coromandel.

Llegamos a Auckland a media tarde y los tres que hemos estado juntos todo el tour nos despedimos con tristeza mientras nos dirigimos a los respectivos hoteles.

Aprovecho para pasear un rato por Auckland

Creo que el cansancio acumulado es el que me hace quedar suficientemente dormido para no enterarme del terremoto, que también se pudo notar en Auckland. Si no llega a ser por los mensajes de Facebook y WhatsApp interesándose por mi esysdo, ni me hubiera enterado.

El día se levantan turbio pero invita a la manga corta, gasto mis última horas visitando la Auckland Gallery que para mí sólo puede ofrecer como interesante una colección de retratos maorís. El resto, quizás acostumbrando a los museos que tenemos en Europa, deja gusto a poco.

Quedo para comer con Alex y Anna, dos paisanos de Nou Barris como yo que han decidido pasar un año fuera de Barcelona y han comenzado por Nueva Zelanda para perfeccionar el inglés.

Comentamos las respectivas experiencias, damos una vuelta por el centro y me despido de ellos para recoger la maleta en el hotel y ir al aeropuerto.

Han sido tres semanas muy intensas, a veces demasiado, pero en las que he podido ver paisajes maravillosos y hacer cosas únicas como nadar con delfines a mar abierto o pasear por un glaciar. Y eso sin contar la experiencia de compartir charlas con los otros viajeros.

Pero todo lo extraordinario se acaba, o entonces sería simplemente algo ordinario.

Así que con una copa de “la Viuda”, me despido de los Kiwis.

De Queenstown a Central Otago (Día 20) – #StrayBus

Nos despedimos de Queenstown tras tres maravillosos días y nos dirigimos a lo que yo he llamado el Far West de Nueva Zelanda pero totalmente verde.

La carretera después de Queenstown nos adentra por una zona de cañones y viñedos bastante impresionante.

Hacemos una pequeña parada en Arrowtown para visitar un antiguo enclave chino, en el que ya se dedicaban a importar productos y buscar oro.

Más allá del poblado, la calle principal del pueblo bien merece un paseo por sus construcciones.

El terreno, propicio para la energía hidroeléctrica, nos destapa la presa Clyde, la tercera mayor de NZ com una central de 400MW.

Alexandra,la población donde está ubicada la central, tiene el honor de tener el mayor diferencial de temperatura del país. Ahí es donde desembocan, ya tranquilas, las aguas de la central.

Después de esta parte nos adentramos en una zona mucho más tranquila, de suaves montañas e infinitos prados donde a lo largo de miles de kilómetros cuadrados, los únicos habitantes son las ovejas.

La verdad es que es difícil hacerse una idea de más dimensiones de la zona y la cantidad de ovejas. Es simplemente enorme.

La actividad que teníamos programada para ese día era una ruta en bici por el antiguo trazado de una línea de tren. Nosotros sólo haríamos unos 25 km pero se pueden hacer más de 200 divididos en diversas etapas y en los que se puede parar en diferentes y encantadores hoteles y cafés.

El trazado de prolonga a lo largo de prados, puentes y túneles haciendo que sea una experiencia muy agradable y una excelente forma de disfrutar del entorno y conocer la zona

Al final de nuestro viaje nos esperaba un encantador café donde pudimos comer unos sándwiches preparados al momento con mucho amor.

Una vez bien alimentados nos dirigimos a pasar la tarde (y la noche) a Naseby, un pueblo de escasos 200  habitantes cuidado hasta un nivel excepcional.

Naseby tiene la particularidad de disponen de una pista de curling cubierta y en funcionamiento todo el año. La afición viene de lejos, y en invierno hace suficiente frío como para poder jugar a la intemperie.

Pasamos la noche en un antiguo hotel restaurado, coincidiendo con la noche de fiesta” en el pueblo, así que compartimos el cálido bar con los hombres de pueblo reunidos en busca de pareja. Las mujeres también se acercaron, pero sin entrar. Al final, parece que a nadie le pareció interesante el mercadillo…

De Milford Sound a Queenstown (Días 17, 18 y 19) – #StrayBus

El camino de vuelta de Milford Sound a Queenstown fue algo menos lluvioso que a la ida y dio la ocasión de volver a repetir algunas fotos en mejores condiciones.

Pero vamos a lo que toca que es Queenstown. La verdad es que tres días de relax haciendo los horarios que uno quiere y visitando lo que le apetece, han sido un placer.

Queenstown es un municipio de unos 15.000 habitantes que recuerda mucho a algún pueblecito suizo. Y los precios de la vivienda van a la par. Alrededor del lago, nada baja del millón de dólares neozelandeses (unos 600.000€). De ahí, para arriba.

En realidad son básicamente cuatro calles, pero muy bonitas…elegantes diría.

En Queenstown se pueden hacer todas las actividades imaginables.

Pero un servidor, que es de cosas más calmadas, me dediqué a visitar los jardines que bordean el lago, que valen mucho la pena, especialmente para contemplar dos sequoias (y las flores). Y tampoco me puede estar de hacer un crucero en barco por el lago.

Respecto al crucero, se puede hacer en un antiguo buque a vapor, el TSS Earnslaw,  en el que incluso dejan visitar la sala de calderas.

Más allá de las actividades turísticas, Queenstown ofrece una amplia variedad de lugares donde inspirar el estómago.

O con cosas más dulces como la memorable heladería Patagonia

Eso sí, una de las cosas que no podemos dejar de hacer es subir al teleférico que nos eleva por encima de la ciudad ofreciendo una interesante experiencia y unas inmejorables vistas…eso sí, recomiendo subir por la tarde por el tema de la posición del Sol para hacer fotos.

Y de paso, echar unas carreras en el Luge…

De Franz Josef a Makarora y Milford Sound (Días 15 y 16) – #StrayBus

En la isla sur, las distancias a recorrer suelen ser grandes y lentas, así que también tocó levantarse pronto en Franz Josef para ir a Makarora

Eos sí, antes de alejarnos de Franz Josef, fuimos a contemplar el otro glaciar cercano, el Fox Glacier, que aún visto desde una buena distancia, no pierde ni una pizca de majestuosidad.

Un poco más adelante hicimos una parada como de “post-desayuno”, para que los amantes del pescado pudieran degustar una de las delicias locales, el whitebait, que es un pescadito muy peque, algo similar a las gulas.  Aquí te lo hacen en forma de hamburguesa. Según me comentaron los compañeros, el sabor era exquisito. Yo como no soy nada de comer pescado, levanté una ceja a modo de “recibido”

Otra de las paradas del camino fue en las Blue Pools, un río que forma alguna pequeña playa de un espectacular color azul.

Para los más valientes, hay un puente desde el que te puedes tirar. En verano tiene que ser una gozada, pero en estas fechas, brrrr!

Llegamos a Makarora, que viene a ser un pequeño núcleo de población con una gasolinera y nuestros chalets alpinos

Estamos en el Aspire National Park, y nos espera una divertida actividad por el río: jetboat.

Vamos, que te suben a una lancha y te llevan a toda velocidad por el río, incluso haciendo algún trompo. Además de vez en cuando paran y te explican cosas del entorno.

Dejando aparte la vertiente más divertida, es una excelente forma de disfrutar del entorno desde un punto de vista privilegiado.

Dejamos atrás Makarora tras pasar la noche y nos preparamos para un largo trayecto de varias horas hasta el fiordo más famoso del país, el Milford Sound.

El tiempo no acompaña nada, lluvia y cielo tapado, lo que oculta parte de las montañas de la espectacular carretera que llegan hasta el puerto de embarque.

Porqué sí, esta noche toca dormir a bordo de un barco.

Una vez presentados y asignados los camarotes, salimos a navegar contemplando las enormes montañas que se levantan a nuestro alrededor junto con infinidad de cascadas alimentadas por la incesante lluvia.

Ofrecen la posibilidad de hacer kayak o desembarcar en un bote, pero como está lloviendo, prefiero seguir en el barco, aunque bastante gente se anima a la actividad propuesta.

El momento más divertido aparece cuando los kayaks regresan al barco y un par de focas muy juguetonas se acerca a visitarnos. La zona está repleta de focas, con lo que no dejaremos de tener su compañía durante el trayecto

Disfrutamos de una magnífica cena y mejores postres con unas vistas impagables. Y a dormir pronto, que el día comienza a hora temprana. Dormimos en un pequeño enclave muy tranquilo, así que sólo nos acompaña el silencio.

El día siguiente comienza con una buena ducha antes de subir a cubierta a ver las primeras horas de luz… nublada.

Llega el momento de un contundente desayuno mientras nos dirigimos hacia el extremo de mar abierto del fiordo a ver si vemos alguna ballena. No hay suerte con las ballenas pero sí con unos pingüinos.

Damos media vuelta, que el mar de Tasmania está embravecido y navegamos tranquilamente hasta puerto.

Haciendo memoria de los fiordos noruegos, el Milford me ha parecido más espectacular por las montañas que lo rodea, pero en cambio el trayecto es más corto, con lo que tienes la sensación de que se acaba rápido.

De Abel Tasman a Hanmer Springs, Christchurch y Franz Josef (Días 11, 12, 13 y 14) – #StrayBus

La jornada de Abel Tasman a Hanmer Springs fue el inicio de unos días de largas jornadas de ruta. De kilómetros y kilómetros, bonitos eso sí, pero hasta cierto punto agotadores.

Una de las paradas obligatorias fue en el Lago Rotoito (Lago pequeño), aunque poco pequeño para nuestros estándares. Aparte de lo bonito del lugar, nos hicieron compañía unos cisnes y también unas anguilas…bueno, las anguilas no nos hicieron mucha compañía pero era curioso verlas en el agua.

Llegamos a Hanmer Springs con el tiempo justo de instalarnos en el chalet alpino y ir a bañarnos al famoso balneario de aguas termales, básicamente sulfurosas (ya pondré foto a la llegada a casa).

Hanmer Springs es una pequeña población “alpina” muy similar a las que podemos encontrar por Europa.

A la mañana siguiente, plenamente relajados, pusimos rumbo hacia Christchurch, pero haciendo una interesante parada intermedia en Kaikoura.

Aparte de una bonita playa, en Kaikoura nos detuvimos para hacer una de las actividades importantes del tour, que no era ver la colonia de leones marinos

El plato fuerte era nadar con delfines en mar abierto.

Así que una vez equipados con trajes de neopreno completos, nos llevaron a una barca…y a navegar. Después de algo más de media hora avistamos a los primeros, así que era momento de ir al agua.

Aún con el neopreno la sensación de frío es notable,pero soportable, y eso que soy friolero!

Los delfines se interesaban por esas criaturas que hacían extraños sonidos (nosotros), y se acercaban para rodearnos. La verdad es que es una experiencia muy especial y con el equipo de snorkel puedes verlos perfectamente.

Una vez pasado el tiempo, una ducha caliente a bordo del barco, y vuelta tranquila a puerto, acompañados durante un buen rato por esos delfines que nos deleitaban saltando frente a nosotros.

Una vez cambiados nos dirigimos hacia el destino final del día, Christchurch, donde ya llegamos a última hora de la tarde, pero aún con suficiente luz para ver el estado en que se encuentra la ciudad después del terremoto de 2011. Muchas construcciones apuntaladas y otras que directamente tuvieron que ser derruidas.

A la mañana siguiente salimos del albergue en dirección al aeropuerto para recoger a 5 nuevos compañeros: 3 alemanes y 2 ingleses. Vamos, que en un momento ya habíamos doblado el grupo.

Ahora sí, ya todos a bordo, nos dirigimos hacia Franz Josef Glacier, en una larga pero espectacular ruta cruzando los “Alpes neozelandeses” y el puerto de montaña del Arthur Pass.

Es una carretera espectacular con pendientes de hasta el 19% de esas que te dejan sin palabras en algunos momento

Llegamos ya por la noche a Franz Josef, para disfrutar de la fiesta de la pizza que organizaba el motel y reponer fuerzas para el día siguiente, a la vez que celebramos el cumpleaños de Montserrat, una de nuestras compañeras de grupo.

A las 9:30 de la mañana llegamos a la oficina de los guías al Franz Josef Glacier para llevarnos el susto que por meteorología (estaba lloviendo y había niebla), no nos podían subir al glaciar, pero que volviéramos a las 12:30 a ver qué tal.

Aprovecho el tiempo imprevisto que disponemos para hacer una colada, que ya tocaba.

Al final hubo suerte, y a las 12:30, con el equipo necesario, nos subimos al helicóptero que nos posó en el glaciar.

La llegada al glaciar es impresionante, la imagen al acercarte con el helicóptero mientras aparece esa inmensidad de hielo, te hace sentir muy pequeño, una sensación que se confirma cuando pones pie en tierra, o en hielo para ser más exactos. Es difícil coger conciencia del tamaño del glaciar y de los bloques de hielo de formas caprichosas que abarcan toda la vista.

Un desprendimiento en la zona izquierda de glaciar nos recuerda dos cosas, que es un lugar “vivo” y que es peligroso.

Nuestro guía va verificando la seguridad del camino que recorremos durante tres horas hasta volver a la pequeña helisuperficie helada donde nos vuelve a recoger el helicóptero para llevarnos de vuelta abajo.

El cansancio que aparece un buen rato después de llegar forma parte del recuerdo de una visita única, para mi, junto a nadar con delfines, la actividad más esperada de todo el tour.

Cenamos pronto, a las 6, como es la costumbre. Así queda un buen rato para descansar hasta el día siguiente…y ya nos han avisado que estaremos sin cobertura de móvil durante 2 días!!

De Tongariro a Wellington y a Abel Tasman (Días 8-9 y 10) – #StrayBus

¡Tanta actividad que se me acumula el trabajo!

Después de la matada del cruce del Tongariro era hora de poner rumbo a la capital de Nueva Zelanda, Wellington. La ruta en el bus es larga y con tanto cansancio acumulado, las ganas de llegar a destino se intensifican.

Entre medio hacemos un par de paradas para estirar las piernas, una de ellas en Taihape, donde nos acercamos a una cancha dedicada al sorprendente juego de lanzamiento de botas de lluvia para anotar unos tantos.

La siguiente parada la hicimos en el pueblo de Bulls, donde todo, pero realmente todo, gira en torno al toro, incluso la decoración de la comisaría y las tiendas.

Llegamos a Auckland con lluvia con casi el tiempo justo de ir al Weta Workshop. ¿Qué es eso del Weta ? Hay que comenzar por explicar que Nueva Zelanda tiene una pequeña pero potente industria audiovisual de estudios, post producción y efectos especiales. Weta es una compañía dedicada básicamente a esto último: efectos especiales, vestimenta, armas, etc. Hemos podido ver sus trabajos en películas como Contact, Crónicas de Narnia, Avatar o la trilogía del señor de los anillos.

Para ser honesto, la visita está bien dependiendo del interés que tenga cada uno por el tema, aunque yo personalmente hubiera preferido quedarme en Wellington y visitar un poco la ciudad, pero como está en la lista volver ella, tampoco ha sido un drama.

Madrugón de los grandes para coger el ferry hacia la isla sur. Son tres horas y media de trayecto de los cuales una hora y media es en mar abierto y el resto saliendo de la bahía de Wellington o navegando por el fiordo que nos lleva a Picton, el puerto de llegada.

La verdad es que el trayecto, si hay buena mar, es realmente impresionante, toda una experiencia que invita a pasearse por cubierta.

Llegados a Picton nos espera el nuevo conductor, Maka Nui (o algo así), y a nosotros tres se nos añaden dos señoras de cerca de Girona, toda una sorpresa para mi pero que al final cumple aquello que siempre encuentras catalanes por todo el mundo.

Al primer lugar donde nos dirigimos tras nuestra llegada es a unas bodegas a hacer una cata de vinos…con el cansancio del madrugón y el viaje, unas copas de vino ya fueron el remate.
Sorprenden los viñedos con montañas nevadas al fondo, pero la isla sur, con sólo un millón de habitantes, es además notablemente mucho más agreste que la isla norte.

Un buen trozo más de carretera para llegar al fin a nuestro campamento en el Parque Nacional Abel Tasman.

De cena una súper burguer en un cercano food truck que a juzgar por la cantidad de gente que va, debe tener su fama.

En Abel Tasman estamos dos días, lo que al fin nos ha permitido esquivar un madrugón, que ya era hora.

Hemos dedicado el día a coger el Aqua Taxi, con el que primero hemos podido ver leones marinos tomando el sol y nadando, y luego nos han llevado al inicio de la ruta costera de 12km hasta el campamento, algo así como nuestros caminos de Ronda.

La ruta vale mucho la pena, es una preciosa mezcla de selva, con riachuelos y las vistas de maravillosas playas en las que si queremos podremos bañarnos.

Y para celebrar el último día en Abel Tasman, una barbacoa gigante uniendo nuestro grupo con los que van en el bus hop on – hop off a una fiesta de disfraces para celebrar Halloween.

De Rotorua a Whakahoro y Tongariro (Días 6 y 7) – #StrayBus

Dejamos atrás la ciudad de Rotorua y su inconfundible aroma provocado por el sulfuro de las aguas que brotan por toda la ciudad (y toda el área), para dirigirnos hacia Whakahoro (pronunciado Fuck-a-horo).

Hacemos una primera parada para visitar un enorme lago de barro burbujeante. Toda la zona tiene un enorme potencial geotérmico y nos encontramos con un par de centrales eléctricas que aprovechan las aguas calientes para generar electricidad.

La siguiente parada, no muy lejos, es en las Huka Falls, un salto de agua de 200.000 litros por segundo que además tiene un color precioso. Es uno de esos lugares que donde podrías estás horas y horas contemplando la naturaleza.

Desde Huka Falls pasamos por Taupo, una ciudad ubicada al borde del enorme lago que lleva el mismo nombre.

Taupo, como la mayoría de las pequeñas ciudades neozelandesas no suelen tener nada en especial, pero en Taupo se pueden destacar dos cosas: un avión DC3 en el McDonalds (te puedes subir), y una moderada nuestra de arte urbano por los callejones. Sólo por esas dos cosas ya vale la pena hacer una parada.

Seguimos hacia el destino del día, salvo una parada en el súper para comprar provisiones para la comida del día, el desayuno de la mañana siguiente y comida para la travesía por el Tongariro.

Nos esperaba una buena sorpresa. Blue Duck Station es una premiada mezcla de casa rural y granja donde en una remota ubicación y con sólo 8 habitantes se da alojamiento a los visitantes a la vez se crían corderos, vacas y llamas. La localización es tan remota que hace necesario transitar por una pista de grava sembrada de ovejas y vacas a lo largo de 30 km y no hay cobertura  de teléfono móvil, sólo WiFi por satélite en el café del pueblo.

¿Pero a que valen la pena las visitas?

Por la mañana tocó un buen madrugón hasta el Tongariro National Park para realizar la famosa travesía alpina.

Aunque no estaba muy convencido de hacerla, me calcé los calcetines gruesos de senderismo, vamos, que de forma más o menos consciente sabía que al final me apuntaría. Eso, junto con la insistencia de los compañeros me animó

La travesía por el parque volcánico es de aproximadamente 20 km, con un ascenso bastante duro en la parte final, que se hizo más difícil debido al viento y la niebla. El descenso inicial también fue duro, con arena volcánica muy resbaladiza junto a una fuerte pendiente y barrancos a ambos lados.

Algunos tramos de nieve, lagos, cráteres y fumarolas han sido nuestra compañía durante la caminata.

Aunque la pierna derecha me está pasando factura, la travesía ha sido toda una experiencia personal. Nunca había caminado tanto y menos así, pero será algo para recordar siempre.

Fin del día con cena y reposo junto a la chimenea del hotel