Una pequeña compañera de viaje

Siempre está bien tomar notas cuando se va de viaje. Pasado el tiempo, ayuda a recordar cómo fue esa experiencia viajera rememorando momentos felices, excitantes o interesantes. Además, invita a ir realizando periódicas pausas en el trajín diario que impone un viaje; así, se “generan” momentos de tomar un refresco a la mesa de algún bonito local.

Hace ya algunos viajes incorporé una “libreta” Midori gracias a su flexibilidad. Y entrecomillo lo de libreta, ya que en realidad es una cubierta de piel a la que se le añaden accesorios. En ella llevo las tarjetas de fidelidad de hoteles y aerolíneas, divisas, tarjetas de embarque…y además las libretas de diario y agenda. Todo bien ordenado, clasificado y a mano.

En la libreta de diario es donde voy anotando los lugares por donde paso, los sitios que me gustan o simplemente reflexiones. También voy pegando cosas varias como un billete de transporte o el ticket de entrada de un museo. Así, poco a poco, se va formando una guía de viaje.

Hay personas con la maravillosa habilidad de saber dibujar, habilidad de la que yo carezco, así que como ir reflejando imágenes de ese viaje, más allá del propio álbum, le añade un toque indiscutible, pensé en ir pegando algunas fotos.

¿Y cómo hacer eso a la vez que se escribe?…pues con una de las diferentes impresoras instantáneas que existen. Hay varios modelos, pero preferí decantarme por la Fujifilm INSTAX SP-2.

Es una pequeña impresora instantánea que se conecta por WiFi a nuestro teléfono móvil mediante una App, o directamente a nuestra cámara de fotos Fujifilm. En mi caso, ambas cosas, así mataba dos pájaros de un tiro.

DSC_0677.jpg

La tecnología usada para imprimir las pequeñas fotos es la tradicional Polaroid de toda la vida. Por tanto, en menos de 10 segundos tendremos la foto en nuestras manos, pero deberemos esperar algunos más para que se materialice la magia del revelado.

La recarga es sencilla, se inserta un cartucho de 10 fotos…la impresora nos escupirá una lámina protectora, y ¡lista!. El precio de cada cartucho es de aproximadamente 10€, con lo que la fotos nos sale a 1€ cada una. No es por tanto para ir imprimiendo fotos a diestro o siniestro. En mi casi pensé en imprimir 1 foto “significativa” cada día. Aunque si son dos, tampoco pasa nada. Aunque no sea barato, si lo sumas al presupuesto del viaje, tampoco es un gran dispendio.

DSC_0676.jpg

Que nadie espere una foto que respete totalmente la fidelidad colorimétrica. Las imágenes tienen una pátina peculiar, quizás algo antigua, que le dan un toque interesante.

DSC_0675.jpg

Poco más que añadir. La Instax Share es, por su compacto tamaño, un complemento para llevar de viaje, o incluso en el día a día en nuestra mochila (o bolso), para inmortalizar al momento algún instante fotografiado con el móvil o la cámara y poder tener un detalle simpático con alguien.

Ah, según el fabricante, la batería recargable dura unas 100 fotos, así que no hay problema. Además, se carga con el mismo cable y cargador (micro USB) que un teléfono móvil.

 

 

Anuncios

Samyang 8mm f/2.8 UMC II

img_3646

Seguramente la lente más famosa del fabricante coreano Samyang, al menos entre los usuarios de Fuji, sea el 12mm f/2.8 como una especie de alternativa más económica (y luminosa), que el Fujinon 10-24 f/4.

En mi caso ya dispongo del citado 10-24, que es una óptica excelente tanto para paisaje como para fotografía más urbana en nuestros viajes, pero alguna veces he echado en falta disponer de algo más “ancho” y, también tengo en mente el uso en astrofotografía.

Dado que Fuji no dispone de ninguna lente para la serie X que esté por debajo de los 10mm (15mm en formato 35mm), tuve que mirar si algún otro fabricante ofrecía una alternativa. Y sí, SAMYANG, tiene un 8mm “Fisheye”. Eso sí, con enfoque manual, algo que no es especialmente crítico en un angular tan extemo. Tampoco es que el tipo de imagen que ofrecen los ojos de pez me apasione, pero en general me parece tolerable, en algunos casos “divertido” y al fin y al cabo, con Lightroom se puede aplicar una corrección de perspectiva que nos ofrecerá una imagen no distorsionada.

¿Cómo es el SAMYANG?

Hay una palabra en inglés que me gusta mucho para definirlo: sturdy. Robusto. Es bastante compacto, similar al Fujinon 23mm f/2, no muy pesado (ni muy ligero) y con una construcción general sólida. El anillo de diafragmas que permite ajuste de 1/2 paso tiene buen tacto encajando bien en cada click, y el anillo de enfoque es denso, sin ninguna fricción rara y tirando un poco hacia duro.

Lleva incorporado el parasol de pétalo que está realizado en plástico y que aunque primero no me gustó, luego reconozco que cambié de opinión al reflexionar que es más protector frente a golpes que uno metálico.

La montura, dicho de paso, es totalmente metálica. En ningún caso da la impresión de ser un objetivo barato, aunque se puede conseguir por menos de 300€

Las fotos

No voy a entrar en tests en profundidad ni en especificaciones técnicas ya que hay multitud de web que informan sobre ello mejor que lo que yo sería capaz, así que me limitaré a mostrar algunas fotos e ir comentando impresiones.

DSCF2015

Nos podemos acercar muchísimo a los objetos y aún así tenemos una perspectiva enorme

DSCF2015-2

A f/2.8 es ligeramente blandito pero perfectamente utilizable, incluso sin recurrir a “sharpen”. Me ha sorprendido gratamente.

DSCF2026

Dado el gran ángulo de visión que tenemos, no es extraño encontrarnos con imágenes muy dispares a nivel de iluminación, con lo que sugiero encarecidamente disparar en RAW para poder hacer las oportunas correcciones posteriores

DSCF2027

Aquí podemos ver la inherente distorsión óptica del 8mm.

DSCF2030

Según la toma que hagamos, obtendremos este tipo de imágenes muy distorsionadas…

DSCF2030-2

aunque se pueden corregir con Lightroom, si bien en este caso la imagen resultante también es bastante extrema.

DSCF2031

Una nueva comparativa de imagen sin corrección

DSCF2031-2

y aquí corregida, en este caso obteniendo un resultado más natural.

DSCF2032

DSCF2033

Una de las tomas que encuentro más “resultonas” es la de ponerse en la esquina de una plaza (distorsión corregida en Lightroom).

DSCF2035

Aunque por ejemplo a f/8 no hace falta preocuparse del enfoque, en tomas más cercanas y diafragmas más abiertos, recomiendo vigilar que lo que queremos esté dentro de foco, ya que si, hay una cierta profundidad de campo con la que jugar.

DSCF2040

Otra toma que muestra la enorme perspectiva que ofrece el 8mm.

DSCF2047

Se pueden hacer también fotos más curiosas con esa posibilidad que nos ofrece el 8mm de ponernos encima de algo y darle contenido en el conjunto.

 

DSCF2049

Una de las situaciones que nos podemos encontrar es que el sol caiga dentro de nuestra toma, aunque el punto directo lo gestiona bastante bien, aparece algún flare no muy bonito en la parte inferior.

 

En resumen, es una lente con un precio que podríamos considerar asequible, alrededor de los 300€ (se puede conseguir por menos), y que no molesta para nada de ser llevada en nuestra mochila a la vez que nos permitirá tomar fotos de enormes paisajes, interiores de catedrales o plazas en ambientes urbanos. Si luego queremos aplicar corrección a la distorsión del ojo de pez, ya es cosa nuestra.


pd: Las imágenes se han procesado en Adobe Lightroom y tienen la simulación de película “Classic Chrome”.

De Central Otago a Christchurch, Wellington y Auckland (Días 21, 22 y 23) – #StrayBus

Los tres últimos días del tour han sido de intensa carretera. Muchos kilómetros para hacer el camino de vuelta visitando sólo algunas cosas nuevas pero aprovechando para hacer memoria de muchas otras que ya quedan muy lejos en el recuerdo sin realmente serlo en el tiempo.

El camino de Central Otago a Christchurch es volver a la “civilización”, es volver a ver algunos núcleos de población y algo de tráfico.

En NZ el carácter de los pueblos es algo bastante aleatorio. La mayoría nos parecerán poco interesantes, mientras que otros tienen su punto de peculiaridad

Llegamos de nuevo a Christchurch a media tarde, está vez con algo más de tiempo que la anterior ocasión.

Hoy me he levantado con la noticia del terremoto de Christchurch, así que las fotos tienen escasas 48 horas. Christchurch es una ciudad apuntalada, parcialmente derruida y abandonada y también floreciente.

Es una ciudad que ha apostado por dar vía libre a la creatividad y se ha ido llenando de arte urbano, ya sea con graffitis o con esculturas, ofreciendo una curiosa imagen que vale la pena visitar…al.menos hasta hace dos días.

La jornada posterior a Christchurch vuelve a ser un no parar de kilómetros para llegar a Picton, donde tenemos que coger un pequeño avión, una Cessna Caravan, para volar a Wellington en un vuelo escénico a 4000 pies (unos 1200 metros), por los fiordos que unen ambos puntos.

Paramos a comer en Kaikoura y visitamos unas curiosas formaciones rocosas en la playa.


Más de 400 kilómetros de lluvia sin parar entre Christchurch y Wellington. Incluso el vuelo escénico es un vuelo de nubes, pero al menos es menos movido de lo previsto.

Llegamos a Wellington con ganas de cenar y dormir. Ni si quiera la oferta de ocio de la famosa Cuba Street nos atrae, contando que hay que levantarse a las 6 de la mañana.

Seguramente Wellington sea la ciudad menos interesante de NZ. A primera vista, nada destacable ni para fotografiar.

Suena el despertador a las 6… ducha, cerrar la maleta y directo al bus.
Hoy nos toca la última etapa. Son casi 11 horas de bus con las mínimas paradas para comer, ir al baño y repostar combustible. Vemos el Tongariro de lejos, volvemos a pasar por Taupo y la península de Coromandel.

Llegamos a Auckland a media tarde y los tres que hemos estado juntos todo el tour nos despedimos con tristeza mientras nos dirigimos a los respectivos hoteles.

Aprovecho para pasear un rato por Auckland

Creo que el cansancio acumulado es el que me hace quedar suficientemente dormido para no enterarme del terremoto, que también se pudo notar en Auckland. Si no llega a ser por los mensajes de Facebook y WhatsApp interesándose por mi estaddo, ni me hubiera percatado.

El día se levantan turbio pero invita a la manga corta, gasto mis última horas visitando la Auckland Gallery que para mí sólo puede ofrecer como interesante una colección de retratos maorís. El resto, quizás acostumbrando a los museos que tenemos en Europa, deja gusto a poco.

Quedo para comer con Alex y Anna, dos paisanos de Nou Barris como yo que han decidido pasar un año fuera de Barcelona y han comenzado por Nueva Zelanda para perfeccionar el inglés.

Comentamos las respectivas experiencias, damos una vuelta por el centro y me despido de ellos para recoger la maleta en el hotel y ir al aeropuerto.

Han sido tres semanas muy intensas, a veces demasiado, pero en las que he podido ver paisajes maravillosos y hacer cosas únicas como nadar con delfines a mar abierto o pasear por un glaciar. Y eso sin contar la experiencia de compartir charlas con los otros viajeros.

Pero todo lo extraordinario se acaba, o entonces sería simplemente algo ordinario.

Así que con una copa de “la Viuda”, me despido de los Kiwis.

De Queenstown a Central Otago (Día 20) – #StrayBus

Nos despedimos de Queenstown tras tres maravillosos días y nos dirigimos a lo que yo he llamado el Far West de Nueva Zelanda pero totalmente verde.

La carretera después de Queenstown nos adentra por una zona de cañones y viñedos bastante impresionante.

Hacemos una pequeña parada en Arrowtown para visitar un antiguo enclave chino, en el que ya se dedicaban a importar productos y buscar oro.

Más allá del poblado, la calle principal del pueblo bien merece un paseo por sus construcciones.

El terreno, propicio para la energía hidroeléctrica, nos destapa la presa Clyde, la tercera mayor de NZ com una central de 400MW.

Alexandra,la población donde está ubicada la central, tiene el honor de tener el mayor diferencial de temperatura del país. Ahí es donde desembocan, ya tranquilas, las aguas de la central.

Después de esta parte nos adentramos en una zona mucho más tranquila, de suaves montañas e infinitos prados donde a lo largo de miles de kilómetros cuadrados, los únicos habitantes son las ovejas.

La verdad es que es difícil hacerse una idea de más dimensiones de la zona y la cantidad de ovejas. Es simplemente enorme.

La actividad que teníamos programada para ese día era una ruta en bici por el antiguo trazado de una línea de tren. Nosotros sólo haríamos unos 25 km pero se pueden hacer más de 200 divididos en diversas etapas y en los que se puede parar en diferentes y encantadores hoteles y cafés.

El trazado de prolonga a lo largo de prados, puentes y túneles haciendo que sea una experiencia muy agradable y una excelente forma de disfrutar del entorno y conocer la zona

Al final de nuestro viaje nos esperaba un encantador café donde pudimos comer unos sándwiches preparados al momento con mucho amor.

Una vez bien alimentados nos dirigimos a pasar la tarde (y la noche) a Naseby, un pueblo de escasos 200  habitantes cuidado hasta un nivel excepcional.

Naseby tiene la particularidad de disponen de una pista de curling cubierta y en funcionamiento todo el año. La afición viene de lejos, y en invierno hace suficiente frío como para poder jugar a la intemperie.

Pasamos la noche en un antiguo hotel restaurado, coincidiendo con la noche de fiesta” en el pueblo, así que compartimos el cálido bar con los hombres de pueblo reunidos en busca de pareja. Las mujeres también se acercaron, pero sin entrar. Al final, parece que a nadie le pareció interesante el mercadillo…

De Milford Sound a Queenstown (Días 17, 18 y 19) – #StrayBus

El camino de vuelta de Milford Sound a Queenstown fue algo menos lluvioso que a la ida y dio la ocasión de volver a repetir algunas fotos en mejores condiciones.

Pero vamos a lo que toca que es Queenstown. La verdad es que tres días de relax haciendo los horarios que uno quiere y visitando lo que le apetece, han sido un placer.

Queenstown es un municipio de unos 15.000 habitantes que recuerda mucho a algún pueblecito suizo. Y los precios de la vivienda van a la par. Alrededor del lago, nada baja del millón de dólares neozelandeses (unos 600.000€). De ahí, para arriba.

En realidad son básicamente cuatro calles, pero muy bonitas…elegantes diría.

En Queenstown se pueden hacer todas las actividades imaginables.

Pero un servidor, que es de cosas más calmadas, me dediqué a visitar los jardines que bordean el lago, que valen mucho la pena, especialmente para contemplar dos sequoias (y las flores). Y tampoco me puede estar de hacer un crucero en barco por el lago.

Respecto al crucero, se puede hacer en un antiguo buque a vapor, el TSS Earnslaw,  en el que incluso dejan visitar la sala de calderas.

Más allá de las actividades turísticas, Queenstown ofrece una amplia variedad de lugares donde inspirar el estómago.

O con cosas más dulces como la memorable heladería Patagonia

Eso sí, una de las cosas que no podemos dejar de hacer es subir al teleférico que nos eleva por encima de la ciudad ofreciendo una interesante experiencia y unas inmejorables vistas…eso sí, recomiendo subir por la tarde por el tema de la posición del Sol para hacer fotos.

Y de paso, echar unas carreras en el Luge…

De Franz Josef a Makarora y Milford Sound (Días 15 y 16) – #StrayBus

En la isla sur, las distancias a recorrer suelen ser grandes y lentas, así que también tocó levantarse pronto en Franz Josef para ir a Makarora

Eos sí, antes de alejarnos de Franz Josef, fuimos a contemplar el otro glaciar cercano, el Fox Glacier, que aún visto desde una buena distancia, no pierde ni una pizca de majestuosidad.

Un poco más adelante hicimos una parada como de “post-desayuno”, para que los amantes del pescado pudieran degustar una de las delicias locales, el whitebait, que es un pescadito muy peque, algo similar a las gulas.  Aquí te lo hacen en forma de hamburguesa. Según me comentaron los compañeros, el sabor era exquisito. Yo como no soy nada de comer pescado, levanté una ceja a modo de “recibido”

Otra de las paradas del camino fue en las Blue Pools, un río que forma alguna pequeña playa de un espectacular color azul.

Para los más valientes, hay un puente desde el que te puedes tirar. En verano tiene que ser una gozada, pero en estas fechas, brrrr!

Llegamos a Makarora, que viene a ser un pequeño núcleo de población con una gasolinera y nuestros chalets alpinos

Estamos en el Aspire National Park, y nos espera una divertida actividad por el río: jetboat.

Vamos, que te suben a una lancha y te llevan a toda velocidad por el río, incluso haciendo algún trompo. Además de vez en cuando paran y te explican cosas del entorno.

Dejando aparte la vertiente más divertida, es una excelente forma de disfrutar del entorno desde un punto de vista privilegiado.

Dejamos atrás Makarora tras pasar la noche y nos preparamos para un largo trayecto de varias horas hasta el fiordo más famoso del país, el Milford Sound.

El tiempo no acompaña nada, lluvia y cielo tapado, lo que oculta parte de las montañas de la espectacular carretera que llegan hasta el puerto de embarque.

Porqué sí, esta noche toca dormir a bordo de un barco.

Una vez presentados y asignados los camarotes, salimos a navegar contemplando las enormes montañas que se levantan a nuestro alrededor junto con infinidad de cascadas alimentadas por la incesante lluvia.

Ofrecen la posibilidad de hacer kayak o desembarcar en un bote, pero como está lloviendo, prefiero seguir en el barco, aunque bastante gente se anima a la actividad propuesta.

El momento más divertido aparece cuando los kayaks regresan al barco y un par de focas muy juguetonas se acerca a visitarnos. La zona está repleta de focas, con lo que no dejaremos de tener su compañía durante el trayecto

Disfrutamos de una magnífica cena y mejores postres con unas vistas impagables. Y a dormir pronto, que el día comienza a hora temprana. Dormimos en un pequeño enclave muy tranquilo, así que sólo nos acompaña el silencio.

El día siguiente comienza con una buena ducha antes de subir a cubierta a ver las primeras horas de luz… nublada.

Llega el momento de un contundente desayuno mientras nos dirigimos hacia el extremo de mar abierto del fiordo a ver si vemos alguna ballena. No hay suerte con las ballenas pero sí con unos pingüinos.

Damos media vuelta, que el mar de Tasmania está embravecido y navegamos tranquilamente hasta puerto.

Haciendo memoria de los fiordos noruegos, el Milford me ha parecido más espectacular por las montañas que lo rodea, pero en cambio el trayecto es más corto, con lo que tienes la sensación de que se acaba rápido.

De Abel Tasman a Hanmer Springs, Christchurch y Franz Josef (Días 11, 12, 13 y 14) – #StrayBus

La jornada de Abel Tasman a Hanmer Springs fue el inicio de unos días de largas jornadas de ruta. De kilómetros y kilómetros, bonitos eso sí, pero hasta cierto punto agotadores.

Una de las paradas obligatorias fue en el Lago Rotoito (Lago pequeño), aunque poco pequeño para nuestros estándares. Aparte de lo bonito del lugar, nos hicieron compañía unos cisnes y también unas anguilas…bueno, las anguilas no nos hicieron mucha compañía pero era curioso verlas en el agua.

Llegamos a Hanmer Springs con el tiempo justo de instalarnos en el chalet alpino y ir a bañarnos al famoso balneario de aguas termales, básicamente sulfurosas (ya pondré foto a la llegada a casa).

Hanmer Springs es una pequeña población “alpina” muy similar a las que podemos encontrar por Europa.

A la mañana siguiente, plenamente relajados, pusimos rumbo hacia Christchurch, pero haciendo una interesante parada intermedia en Kaikoura.

Aparte de una bonita playa, en Kaikoura nos detuvimos para hacer una de las actividades importantes del tour, que no era ver la colonia de leones marinos

El plato fuerte era nadar con delfines en mar abierto.

Así que una vez equipados con trajes de neopreno completos, nos llevaron a una barca…y a navegar. Después de algo más de media hora avistamos a los primeros, así que era momento de ir al agua.

Aún con el neopreno la sensación de frío es notable,pero soportable, y eso que soy friolero!

Los delfines se interesaban por esas criaturas que hacían extraños sonidos (nosotros), y se acercaban para rodearnos. La verdad es que es una experiencia muy especial y con el equipo de snorkel puedes verlos perfectamente.

Una vez pasado el tiempo, una ducha caliente a bordo del barco, y vuelta tranquila a puerto, acompañados durante un buen rato por esos delfines que nos deleitaban saltando frente a nosotros.

Una vez cambiados nos dirigimos hacia el destino final del día, Christchurch, donde ya llegamos a última hora de la tarde, pero aún con suficiente luz para ver el estado en que se encuentra la ciudad después del terremoto de 2011. Muchas construcciones apuntaladas y otras que directamente tuvieron que ser derruidas.

A la mañana siguiente salimos del albergue en dirección al aeropuerto para recoger a 5 nuevos compañeros: 3 alemanes y 2 ingleses. Vamos, que en un momento ya habíamos doblado el grupo.

Ahora sí, ya todos a bordo, nos dirigimos hacia Franz Josef Glacier, en una larga pero espectacular ruta cruzando los “Alpes neozelandeses” y el puerto de montaña del Arthur Pass.

Es una carretera espectacular con pendientes de hasta el 19% de esas que te dejan sin palabras en algunos momento

Llegamos ya por la noche a Franz Josef, para disfrutar de la fiesta de la pizza que organizaba el motel y reponer fuerzas para el día siguiente, a la vez que celebramos el cumpleaños de Montserrat, una de nuestras compañeras de grupo.

A las 9:30 de la mañana llegamos a la oficina de los guías al Franz Josef Glacier para llevarnos el susto que por meteorología (estaba lloviendo y había niebla), no nos podían subir al glaciar, pero que volviéramos a las 12:30 a ver qué tal.

Aprovecho el tiempo imprevisto que disponemos para hacer una colada, que ya tocaba.

Al final hubo suerte, y a las 12:30, con el equipo necesario, nos subimos al helicóptero que nos posó en el glaciar.

La llegada al glaciar es impresionante, la imagen al acercarte con el helicóptero mientras aparece esa inmensidad de hielo, te hace sentir muy pequeño, una sensación que se confirma cuando pones pie en tierra, o en hielo para ser más exactos. Es difícil coger conciencia del tamaño del glaciar y de los bloques de hielo de formas caprichosas que abarcan toda la vista.

Un desprendimiento en la zona izquierda de glaciar nos recuerda dos cosas, que es un lugar “vivo” y que es peligroso.

Nuestro guía va verificando la seguridad del camino que recorremos durante tres horas hasta volver a la pequeña helisuperficie helada donde nos vuelve a recoger el helicóptero para llevarnos de vuelta abajo.

El cansancio que aparece un buen rato después de llegar forma parte del recuerdo de una visita única, para mi, junto a nadar con delfines, la actividad más esperada de todo el tour.

Cenamos pronto, a las 6, como es la costumbre. Así queda un buen rato para descansar hasta el día siguiente…y ya nos han avisado que estaremos sin cobertura de móvil durante 2 días!!